Uruguayo de nacimiento, argentino por adopción, eligió San Ignacio y la selva misionera como su lugar en el mundo, donde nacieron sus hijos y se inspiró para muchas de sus obras literarias.
Su casa museo preserva parte de su patrimonio y su legado, y constituye un elemento importante de la identidad de la provincia de Misiones.
Horacio Quiroga nació en Salto, Uruguay, el 31 de diciembre de 1878, y murió en Buenos Aires el 19 de febrero de 1937. A sus dos meses de vida, su padre se mató en un desafortunado accidente de caza. A los dieciocho años, fue su padrastro, Mario Barcos, quién se suicidó en su presencia. Con la herencia que recibió de él realizó un viaje de cuatro meses a París.
Volvió a Uruguay y estudió literatura en Montevideo. Publicó "Una estación de amor" -1898- y creó "La revista de Salto" -1899-. Fundó, junto a otros escritores, el "Consistorio del Gay Saber", una suerte de laboratorio literario experimental para promover nuevas formas de expresión, y se plantearon objetivos modernistas, siguiendo las ideas de la Generación del ‘900. Esta agrupación no duró mucho, pero constituyó un centro de reunión de escritores y pensadores montevideanos de gran trascendencia.
Publicó "Los arrecifes de coral" -1901-, en el que compilaba poemas y cuentos. En ese momento, a causa de la fiebre tifoidea, murieron sus hermanos Prudencio y Pastora. Tiempo después, su amigo Federico Ferrando le comunicó que se batiría a duelo. Quiroga se ofreció como padrino, y mientras limpiaba el arma que utilizaría Ferrando, se le escapó un disparo que impactó en la cabeza de su amigo. Hasta que se aclararon los hechos, estuvo preso durante cuatro días.
Consternado por lo sucedido, fue a Buenos Aires con su hermana María y consiguió trabajo en el Colegio Nacional. Luego fue profesor de castellano en el Colegio Británico.
En 1903 acompañó a Leopoldo Lugones, como fotógrafo, a San Ignacio, en el Territorio Nacional de Misiones, donde el ya consagrado escritor investigaba sobre las ruinas jesuíticas.
En 1904 vivió en el sur del Chaco durante un año y medio, intentando cultivar algodón. De nuevo en Buenos Aires, publicó "El crimen del otro" -1904- y la novela corta "Los perseguidos" -1905- inspirada en el viaje de Lugones a la selva misionera. Fascinado por la naturaleza de ese lugar, en 1906 compró una chacra de 180 hectáreas en San Ignacio, en la que se instaló luego de casarse con su alumna adolescente Ana María Cires, quién lo inspiró en su novela "Historia de un amor turbio" -1908-. Fue nombrado juez de paz en esta localidad, y se dedicó al cultivo de la yerba mate. Allí nacieron sus hijos Eglé -1911- y Darío -1912-, de cuya educación se ocupó el mismo Quiroga, la que incluía entrenamiento en la dura vida en plena selva.
En 1915 se suicidó su esposa ingiriendo líquido revelador fotográfico. Esto obligó al escritor a retornar con sus hijos a Buenos Aires, donde consiguió trabajó en el consulado uruguayo. Dos años más tarde publicó "Cuentos de amor, de locura y de muerte" -1917-, obra que lo consagraría definitivamente en el ámbito literario rioplatense. Luego seguirían "Cuentos de la selva" -1918-, "El salvaje" -1920-, "Anaconda" -1921-, ""El desierto" -1924-, "La gallina degollada y otros cuentos" -1925- y "Los desterrados" - 1926-.
Fundó en Buenos Aires la "Agrupación Anaconda", asociación que reunía a escritores e intelectuales y que se dedicaría a las actividades culturales. Ejerció como crítico cinematográfico en medios como La Nación, El Hogar y Atlántida. Publicó la obra de teatro "Las sacrificadas", estrenada en 1921, y el guión para cine "La jangada florida".
A mediados de la década de 1920 se enamoró de su alumna de 17 años Ana María Palacio. La oposición paterna frustró el romance e inspiró a Quiroga en su novela "Pasado amor". En 1927 se casó con María Elena Bravo, amiga de su hija Eeglé, a quien Quiroga le llevaba 30 años. De este matrimonio nació Helena.
Diagnosticado con problemas de próstata, regresó a Buenos Aires, y en 1935 publicó su último libro de cuentos: "Más allá"". Su salud empeoró y fue internado en el Hospital de Clínicas. Escribió a su amigo Ezequiel Martínez Estrada: "Voy quedando tan, tan cortito de afectos e ilusiones, que cada uno de éstos que me abandona me lleva verdaderos pedazos de vida".
Anoticiado de que padecía cáncer, bebió un vaso de cianuro que lo mató. Fue velado en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores, en la cual había ocupado importantes cargos. El director del diario Crítica, Natalio Botana, pagó los gastos de sepelio.
Leopoldo Lugones, con quien Quiroga se había enemistado por el apoyo del primero al derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, dijo: "Se mató como una sirvienta" (años después, Lugones se suicidaría de la misma forma). Su amiga, Alfonsina Storni, lo despidió de mejor talante: "Morir como tú, Horacio, en tus cabales, y así como en tus cuentos, no está mal; un rayo a tiempo y se acabó la feria... allá dirán. No se vive en la selva impunemente, ni cara al Paraná. Bien por tu mano firme, gran Horacio… Allá dirán. Nos hiere cada hora –queda escrito-, nos mata la final. Unos minutos menos… ¿quién te acusa? Allá dirán". Ambos amigos, Lugones y Storni, se suicidaron al año siguiente.
Su hija Eglé se quitó la vida también un año después que lo hiciera su padre, en San Ignacio, y su hijo Darío hizo lo propio en 1952 en Buenos Aires, luego de dar una conferencia sobre Quiroga. En 1988, a la edad de 60 años, su última hija, María Helena Quiroga, se suicidó arrojándose de un noveno piso de un hotel en la calle Maipú de Buenos Aires.
La ciudad de San Ignacio está a 65 km al noreste de Posadas, capital de la provincia de Misiones. Las casas que fueran de Horacio Quiroga –la de madera reconstruida y la de material- están en un predio de 5 hectáreas a 2,7 km al sur de las conocidas ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní. Ambas propiedades fueron construidas por Quiroga, la segunda de material luego de la pérdida de la primera a raíz de un incendio.
El 29 de abril de 1960 la provincia de Misiones compró el lote 24 por $ 160.000 m/n para preservar la casa, que estaba en pie. En 1962 se entregó el espacio en comodato al Círculo de Periodistas de Misiones. Dos años después se reacondicionó el lugar y se realizó un acto en presencia de la esposa del escritor, María Elena Bravo.
En 1987 se reconstruyó la antigua casa de madera tomando como fuente fotografías, para filmar "Entre personas y personajes", con la actuación de Víctor Laplace encarnando a Quiroga. Se recreó la vivienda y el parque con elementos originales y objetos sustitutos. En 2006 se creó en el área del cañaveral un laberinto temático con paneles interpretativos, y entre 2017 y 2018 se reorganizó el guión museográfico de ambas casas, el que perdura hasta la actualidad.
El predio se divide en cuatro espacios definidos. Las dos casas –la de piedra y madera-, el parque que las rodea –Paseo de los Cuentos de la Selva- , y un centro de visitantes, utilizado para eventos literarios y ocupado por escritores locales.
La casa de madera reconstruida es blanca, techo de cinc, piso interior de madera, con dos puertas al frente y galería. El dormitorio principal con una cama de dos plazas cubierta con tela mosquitera, el escritorio con su silla, tintero, cartas y fotografías familiares, el dormitorio de los niños, y la cocina.
La segunda casa construida por Quiroga es de material y en gran parte conserva la forma original. Las paredes de piedra y ladrillo visto, piso calcáreo en el comedor y de madera en los dormitorios. El de la niña tiene una pequeña cama y sillón y objetos personales. El salón comedor es el espacio más amplio, con paredes rojo ladrillo, puertas y ventanas con cortinas blancas, y cielorraso de madera blanco. Se exhiben mesa y sillas, la moto original del escritor, su escritorio con máquina de escribir, sillones, biblioteca, perchero y objetos de adorno.
La personalidad de Horacio Quiroga fue muy controvertida, y su vida estuvo signada por la desgracia. Sin embargo, sus dotes de escritor y su figura como grande de la literatura latinoamericana no se pone en duda. La casa museo donde vivió en San Ignacio, Misiones, es un patrimonio tangible que nos muestra una parte trascendente de la intangibilidad de su obra literaria.